Sguenos en Facebook Sguenos en Youtube Sguenos en Twitter Sguenos en Instagram

El tesoro del color

 



Carmen Fernández Jacob

Oftalmóloga

Hospital La Paz, Madrid.

Miembro de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas (ASEMEYA)
 

       Era una tarde lluviosa, la primavera parecía que no quería entrar ni en las calles ni tampoco en mí.

       Ya no recordaba todo lo que había hecho desde por la mañana, el día había estado lleno de trabajo y preocupaciones, caminé sin rumbo fijo. A pesar de ser ya primavera, el día era gris y letárgico, la gente parecía como salida de una película en blanco y negro caminando bajo el cielo plomizo y lleno de nubes que amenazaban lluvia, el día de hoy no tenía nada en común con esos días luminosos donde el cielo de Madrid envuelve todo con sus gama de colores inagotables, rosas, violetas, azules.

       De pronto pensé en lo que sería no poder ver los colores, que pasaría si todo lo que viésemos estuviese definido solamente en blanco y negro, como en aquellas películas que veíamos de pequeños en el cine, el acomodador con su linterna te adentraba en la oscuridad de un mundo mágico y nuevo, pero eso si, en blanco y negro, un mundo sin ninguna referencia al color.

       Sin el color todos los días serian iguales, monótonos hasta las personas no serían diferentes unas de otras, todas serían como réplicas de un mismo modelo.

       Creo que todos inconscientemente asociamos un color a los sentimientos y a las personas que nos rodean, quizás el naranja podría asociarse a la calidez de la amistad, del amor; el rojo a sentimientos fuertes de tensión o de situaciones nuevas ; el azul claro a estados de calma, de relax; el violeta a esa última hora de la tarde un poco antes de que se esconda el sol, cuando la luz ya comienza a declinar y vemos como el día se va alejando lenta, pero inexorablemente de nosotros; el azul cobalto a esa hora mágica que se produce al amanecer cuando la noche nos abandona y se abre un nuevo día , esa hora de silencio y quietud que presagia la entrada de un nuevo día ; el amarillo a todas esas situaciones indeterminadas que se nos presentan cada día, a veces desconcertantes , a veces imprevisibles, pero siempre estimulantes ; el verde a todo aquello que parece irrelevante, pero que sin que seamos conscientes de ello influye en nosotros de una manera o de otra.

       Todo esto y lo que rodeaba a este lluvioso y plomizo día madrileño de primavera en blanco y negro, hacía pensar que el color se había escapado de la ciudad y también de mi vida, por eso todo me parecía indiferente y anodino; la gente, que iba y venía era ahora para mi triste y sin sentimientos, parecían caminar sin ningún objetivo sin dirigirse a ningún sitio, también las calles de la ruidosa ciudad parecían inhóspitas y grises.

       De lo que de verdad estaba segura era de que no podría continuar así, el ver películas en blanco y negro solo vale para pasar un rato en el cine, sentí la necesidad imperiosa de disfrutar de los colores, de verlos, de sentirlos más que nunca en un día como aquel y en aquel momento preciso.

       Y de repente, de forma inconsciente, me hallé en un espacio tranquilo, muy familiar para mi, lleno de color, donde no llegan los días plomizos y lluviosos, donde reinan por doquier los colores, era el museo Thyssen, mi casa de color, ese lugar que frecuento tantas veces y que tantos sentimientos me inspira, y después de reflexionar pienso que son los colores que allí están guardados como tesoros dentro los cuadros, esos mágicos y amados colores, los que son capaces de despertar en mi sentimientos de lo más variados.

       Nada mas entrar en el museo , todo cambió de repente , allí estaban absolutamente todos los colores perdidos encerrados en los cuadros , los azules difuminados de Monet que me traían calma , los amarillos de Van Goht que me hablaban de situaciones imprevistas, los naranjas de las frutas de Cezanne ,que me recordaban la alegría de la amistad y del amor, la hora violeta del atardecer en los cuadros de Friederich , el verde de los lienzos de Gaugin con mil matices …..y así un largo sin fin de cuadros, cada uno con sus propios colores y sentimientos .

       Estaban allí absolutamente todos los colores, hasta disfruté del negro al mirar un cuadro de Manet.

       Todo había cambiado para mí, había recuperado los colores perdidos, el día podía continuar siendo gris fuera, pero yo volvía a tener los colores dentro de mí, el día plomizo y lluvioso ya no contaba nada, volvían a ser míos de nuevo, el naranja , el verde , el azul, el rojo , el violeta y hasta el negro que gracias a Manet ahora también era para mí también un color mas .

       Y lo mejor de todo era pensar que todos los colores imaginables estarían ahí siempre para mí y que podría recuperarlos, cuando yo quisiera, en cualquier momento, solo tendría que entrar de nuevo en el museo y de repente todo volvería a ser de color, así que ya no habría más días en “blanco y negro” mientras pudiese refugiarme en esta hermosa colección de obras pictóricas, y compartir su tesoro de color con todos los visitantes que, como yo lo llenan cada día desde hace veinte años .
 

Otros datos
Desarrollado:
Tandem Innova
www.tandeminnova.es