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María Tudor: Una mirada

Rocío Segura Rodríguez
Amiga del Museo del Prado
Licenciada en Veterinaria

Rocío Segura navegando en el Mediterráneo


Hoy tengo una cita muy importante en el Museo del Prado. Hoy me he de encontrar con una reina, lo que no es poco, si bien es cierto que cuando una va al Prado siempre se encuentra con reyes, reinas y demás realeza. Pero hoy sólo voy a verla a ella, a María Tudor, reina de Inglaterra, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón,  nieta de los Reyes Católicos y esposa del rey español Felipe II.

La verdad es que este encuentro me impone; a Doña María, porque no me atrevo a llamarla simplemente María, hay que rendirle respeto, no porque su realeza así lo exija, sino también porque su estricta presencia así lo obliga. Y he de ir a sus aposentos, su real sala, la 55.

Ya la he visto muchas veces y siempre me ha impresionado, sobretodo su mirada, su tremenda y profunda mirada, que hoy compruebo que, aunque amable, escudriña en mi interior, quizá intentando comprobar la “pureza” de quien la observa. Y no, no dirijo mis ojos directamente a los suyos, ¡no sería capaz de tamaña osadía! Inclino mi cuello a modo de saludo y contemplo su sola presencia, tan regia en su porte, tan real en sus vestidos y adornos.

Sí, vestidos y alhajas muy sobrias, como lo es ella, muestras de su estricta moral católica. “Sentada sobre un rico sillón de terciopelo bordado, la Reina aparece vestida con traje gris rameado y sobretodo de terciopelo morado, rica indumentaria propia de su elevada condición, igual que las joyas que luce en el vestido, tocado, puños y cinturón. Del cuello cuelga un pinjante con una perla de lágrima. En la mano derecha sostiene una rosa encarnada propia de la familia Tudor y en la izquierda una pareja de guantes, símbolo asimismo de distinción” (Galería online del Museo del Prado).

Porque todo en este cuadro es simbolismo: su rostro de sus creencias y su moral, su atuendo de su condición real.

Y podréis pensar que insisto mucho en lo de su estricta moralidad, y no es en vano, porque es ésta la que dibuja el gesto de su rostro, la que da vida a su mirada. María Tudor, hija de un rey que renegó de Roma y que dio origen a una nueva rama del cristianismo, el Anglicanismo, era una ferviente católica, tremendamente ferviente.

Dicen que “en el alma de María Tudor dominan el amor, el fanatismo y la omnipotencia” y esto se ve en su rostro, en sus ojos, tan bellamente y con tanta exactitud pintados por Antonio Moro en 1554.  Mirar esta obra, observar la mirada de esta reina, hace que nazca en mí el deseo de conocerla, de saber más de ella.

Por lo visto ella decía que “Perdería mejor diez coronas que poner en peligro mi alma” y no lo dudo al contemplar este retrato. E hizo de esta frase su lema, ya que al acceder al trono de Inglaterra en 1553 convirtió en su único objetivo la restitución de la iglesia de Roma, por la vía de la imposición, no de la negociación. Así, el 30 de noviembre de 1554 somete de nuevo a Inglaterra a la disciplina papal, condenando a casi 300 religiosos anglicanos a morir en la hoguera en las llamadas Persecuciones Marianas, razón por la que la llamaron María la Sanguinaria (Bloody Mary).

Y amaba como creía. Porque ella no quería casarse, y menos con un no católico, como le propuso el Parlamento Inglés. Sin embargo se enamoró de Reginald Pole, letrado inglés y católico que, disgustado con Enrique VIII, emigró a Roma y llegó a cardenal.

Cualquier otro hombre no le valía, hasta que pudo ver el retrato del príncipe español Felipe y se enamoró apasionadamente. Dice André Maurois en su obra “Historía de Inglaterra y de los ingleses” que “todo conspiraba para volverla loca por él, ya que casándose con Felipe satisfacía su orgullo de princesa española (no olvidemos que es hija de Catalina de Aragón), su fe católica romana y sus deseos de soltera apasionada. A media noche, en su oratorio, repitió el Veni Creator y juró casarse con Felipe”

Mujer tremenda, firme y segura en sus convicciones, que podemos o no compartir, pasional en sus sentimientos. Todo ello y mucho más me ha enseñado Doña María cuando me he visto con ella en la sala 55 del museo del Prado.

Enero de 2010

 
Enlace al cuadro: http://www.museodelprado.es/coleccion/galeria-on-line/galeria-on-line/zoom/2/obra/maria-tudor-reina-de-inglaterra-segunda-esposa-de-felipe-ii/oimg/0/

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