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Los amigos y Baltasar


Aurora Guerra

Publicado en Dermactual, nº 15. 18: noviembre 2010.
 
 
Cada uno muestra lo que es
 en los amigos que tiene.
 
Baltasar Gracián (1601-1658)
 
Escudriñando en esas librerías virtuales que son los archivos de mi ordenador personal, a veces me encuentro tesoros insospechados. Hoy buscaba una cita sobre la amistad, una frase con la que iniciar un mensaje de buenos días dedicado a mis mejores amigos.

“En el gozar, despacio, en el obrar, aprisa.”

Si, podría valer. Este pensamiento iría muy bien como reflexión para Fulanito, que es de esos que concibe el día a día justo al contrario. Pero, ¿quién soy yo para dar normas de vida? Claro está que tengo una excusa fantástica. No soy yo. Es Baltasar Gracián. Y eso, señores, es otra cosa.

Soy una admiradora de
este gran escritor del Siglo de Oro español. Me resulta prodigioso que un hombre que vivió solo 57 años, con tantas dificultades, llegase a ser tan sabio, tan prolífico, tan original. Me embelesa su fuerza, el laconismo de sus frases, las asociaciones de palabras, los dobles sentidos… Al igual que un cuadro cubista en el que una única imagen contiene todos los perfiles del personaje, en cada frase de Gracián yo encuentro escondido todo un concilio.

Y entonces pensé en Menganita, esa otra amiga a la que veo de tarde en tarde, tímida y contenida, esa alexitímica a la que le cuesta dar un abrazo, porque teme que le guste, y se quede allí para siempre, enganchada en la ternura. ¿Habría algo para ella? Así que seguí buscando.

“De nada vale que el entendimiento se adelante, si el corazón se queda.”

Eso es. Los ordinales de lo importante perfectamente catalogados. Mi regalo esta listo para ella.

Pero… ¿y Zutanita? ¿Qué decir a la trabajadora incansable, generosa, que oculta su genialidad en la humildad y la sencillez?

“Saber, y saberlo demostrar, es valer dos veces.”

Bien, bien. La cosa funciona. Ahora Baltasar, el pesimista, el que sabe que el mundo es ese espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la verdad y donde los maliciosos llenan el camino de trampas, aporta una dotación de habilidades y recursos que permitan salir victorioso de artificios y añagazas.

Y como voy encontrando, sigo buscando.

Aún tengo amigos que saludar. Tantos, que me siento una mujer afortunada. Y si me paro a pensar, creo que ellos también me quieren. Con todo mi yo, tal cual soy, y precisamente por eso. Y entonces, encuentro la mejor cita de Baltasar Gracián, la que deseo para mi, para ellos, para todos.

El hechizo más poderoso para ser amado es amar.”

Mis amigos y Baltasar. ¡Qué buen equipo!

¿No creen?

Pues eso.

 

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