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Al hilo de la noticia. Mis huéspedes en Aramí

Jesús Sánchez Izquierdo Doctor en Física.



“Se alquila casa rural completa, con parcela propia, y con piscina...”


Cuando vi. el anuncio en la prensa pensé: yo también tengo una Casa Rural y una interesante experiencia que me gustaría compartir.

Adorno la historia y os la cuento.

Mi casa rural está anexa a la de mis abuelos. De piedra, con un buen porche de madera y un gran pilón para regar la huerta.
En su día arreglé la casa y convertí el pilón en una excelente piscina. Todo dentro de mi finca, en una parcelita cerrada con muro de piedra, que da privacidad. Le pusimos el nombre de “Aramí Rural” que suena bien y tiene además de un dulce significado -pedazo de cielo- en guaraní.

Todo preparado, acordé su gestión con Wily, el aparcero, un paraguayo, inteligente y buen muchacho, que como mediero se encarga de todo y que además me sugirió el poético nombre. Pone anuncios, recibe a los huéspedes, les atiende, les cobra y les despide.

Yo voy los fines de semana que prolongo tanto como puedo. Ayer estuve allí, en el pueblo de mis raíces, en uno de los viajes, en una de las estancias, más interesante, más intensa, más emotiva, más enriquecedora, más todo, de las que recuerdo haber pasado allí.

No suelo tener contacto con los huéspedes. Normalmente ni les veo. Pero… este fin de semana fue diferente. Wily había alquilado Aramí Rural a tres amigas que al reclamo del anuncio que pone en Internet decidieron irse a pasar allí tres días y sosegar su espíritu en la paz del campo, rompiendo con la rutina de su ajetreada vida de médicos en Madrid

Es la primera vez que hablo con los inquilinos, clientes de Wily. Eran tres mujeres tirando a la madurez, y de muy buen ver.

Me las encontré saliendo de la finca y después de una presentación protocolaria me dijeron que iban a dar un paseo pero no sabían donde.
Hablamos dos palabras y se estableció rápidamente una comunicación fácil, amigable y desinhibida. El campo se presta mucho a saludar y cruzar un “buenos días” con quien te encuentras.
Les acompañe a un corto paseo hasta la ladera de El Berrueco, hicieron fotos, charlamos de muchas cosas, simples y trascendentes, como la vida misma.
Al regresar a casa se les antojó bañarse en al piscina para refrescarse. Les advertí que el agua estaba fría pero no tenían duda, se bañarían.
No puedo contar como fue su baño pues me pidieron que las dejara solas y yo con gran pesar así lo hice. Deduje, intuí, que no habían traído bañador y no querían espectadores. Por la tarde una de ellas, Alba, quería llegarse hasta el río y sus compañeras preferían quedarse leyendo.

A la mañana siguiente, como despedida, les invité a desayunar. Ya estaba avanzada la mañana, con el sol a media altura y su maleta recogida. No había prisas.
En el porche, entre sol y sombra, huevos fritos de mis gallinitas, jamón ibérico de la tierra, untando el pan de pueblo con tomate, rojas cerezas de Jerte, jugosas y dulces, y abundante café.
Delicioso desayuno, ágil e interesante charla, descubriendo amigos comunes, tal como tu, amiga Atrix.
Todo hizo, que más que despedida fuera un “hasta otro día”, que cerraron con un tierno abrazo que me supo a gloria y seis protocolarios besos.

Y luego se fueron y me volví a quedar solo, con mis recuerdos, con su recuerdo, con el grato sabor de su charla y corta estancia, esperando que cumplan su promesa de “hasta otro día”.
¡Que simple fue y que plena a la vez su charla y compañía!

Pues si, ha sido un fin de semana muy distinto que espero se repita y que cuento a mis amigos y a ti, mi querida Atrix, para que otro día que queráis romper vuestra desbordante actividad de la consulta, congresos, tribunales, reuniones, entrevistas en TV, artículos etc. etc., os vengáis a descansar en mi perdido pueblo y rompáis mi quietud y soledad.
 

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