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El trepa, una personalidad autopromotora aberrante

Agustín Moreno

Una amiga me contaba el otro día, entre sorprendida y enfadada, la, al parecer, irresistible e inexplicable ascensión de una compañera dentro de la organización donde trabajan, y todo a costa de utilizar, en su ascenso y sin ningún escrúpulo, ideas y trabajos realizados con mucho esfuerzo por otras compañeras. Vamos, una 'trepa'.
"No se sorprenda nunca de que el  trepa reciba un premio por una idea que usted le contó" (Francisco Gavilán)
 El trepa o la trepa, como en este caso, es una especie tóxica que crece y se desarrolla, al parecer cada vez más, en todo tipo de organizaciones. No es un fenómeno nuevo en la dinámica de las relaciones personales en el seno de los lugares de trabajo, lo novedoso está en que desde hace relativamente poco tiempo los psicólogos organizacionales se dedican a estudiarlo bajo el nombre técnico de personalidad autopromotora aberrante.
 Desde una perspectiva clínica, el trepa comparte muchos de los rasgos atribuidos tradicionalmente al psicópata clásico. Con una personalidad poliédrica, el trepa sabe mostrar una de sus múltiples caras según el tipo de persona que tenga delante, utiliza hábilmente el poder de la autopropaganda, la mentira y la calumnia como forma habitual de poner fuera de juego a sus posibles competidores, no tiene escrúpulos en adjudicarse como propios los méritos del trabajo del equipo o de los otros, y todo ello sin plantearse problemas morales o éticos de ningún tipo. Estos personajes viven automotivados por el poder ya sea en forma de estatus, prestigio o posición, y su lema característico es: ellos o yo.
 La investigación ha puesto de manifiesto que, a pesar de que es frecuente encontrar trepas en casi todo tipo de organizaciones, no es infrecuente que el mejor caldo de cultivo para este tipo de personalidades se encuentre en aquellas que se caracterizan por estar poco estructuradas o en las que atraviesan cambios importantes o crisis. El autopromotor aberrante tiene un fino olfato para detectar jefes a la defensiva o inseguros que prefieren rodearse de personas 'fieles' y sumisas, aunque no sean eficaces. Ante ellos saben mostrar su cara más amable, utilizándolos como palanca para una promoción rápida a pesar de la falta evidente de conocimientos o habilidades. Sus compañeros terminan dándose cuenta de sus manejos y despreciándolos y, al no conocer más que la seducción, la compra, la amenaza o la traición a la confianza de los demás, suelen terminar solos y marginados, no sin haber causado, eso sí, mucho daño a las organizaciones a las que pertenecen. Aun así no son personas a las que se pueda descabalgar o desenmascarar fácilmente. En palabras de Iñaki Piñuel, uno de los psicólogos españoles que más ha escrito sobre este tipo de personalidades aberrantes: Destapar sus intenciones o sacar a la luz sus métodos puede ser peligroso para el que lo intente. Por ello se requieren medidas organizativas para desenmascararlos a tiempo y ahorrar sufrimiento a muchos".
 A pesar de todo, si usted tiene la desgracia de padecer o tener cerca uno de estos trepadores hay una serie de medidas de autoprotección contra su nefasta influencia que se han revelado eficaces en la mayoría de los casos:

  •  Observar, tomar nota y conseguir pruebas.
  •  Nunca luchar contra él, utilizar su mejor arma, actuar con discreción.
  •  Actuar como si no le afectara la situación, esto le ayudará a desorientarle.
  •  Intentar conseguir testigos cuando esté actuando, le ayudará que los demás vean lo que es capaz de hacer.
  •  Evitar que acceda a su información, cuanta menos le ofrezca, mejor.

Agustín Moreno

NOTA: Para saber más, 'Mobbing. Manual de autoayuda'. Iñaki Piñuel y Zabala. DEBOLSILLO. Barcelona 2005.
Toda Esa Gente Insoportable. Francisco Gavilán. EDAF, 2001.

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