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Microrelato. El encuentro

Estoy aun bajo el síndrome de la inmensa satisfacción de tu compañía. De la inquietud en la espera de un autobús que pasa y no se detiene. De la alegría de que hay un siguiente que para y apareces tu, aquí en nuestro Perazancas. De un abrazo estrecho que refleja la felicidad del encuentro. De un tierno beso que augura un apasionado día, y un paisaje suave que nos acompaña en un paseo sosegado con las manos enlazadas viendo correr el agua de un caudaloso río. Como si fuera la vida que va pasando llevándose recuerdos, vivencias, amores, penas y alegrías de ayer. Son aguas pasadas que ya no mueven molino. Y miras hacia arriba y ves otras aguas que van llegando y traen otras esperanzas y nuevas ilusiones.   ¿Qué seria la vida sin esas nuevas aguas?

Escuchamos el silencio profundo del campo adornado por suaves sonidos, cómplices de un atardecer tranquilo.

Llegamos a nuestra casa, ya anochecido, que nos acoge y da un descanso merecido y una intimidad esperada.

Y te beso y me estrechas y te quiero y me embriagan tus caricias y suspiras con la angustia turbulenta de un encuentro ya cumplido. Y las aguas de aquel río se remansan. Y escuchas a tu oído mi susurro:

- “Si no amaneciera…”

Pienso que todo eso debe ser que te quiero.

Buenas noches, mi dulce amor, hada imaginaria de este encuentro, quimérica Musa de mis sueños.

 
Julio 2011
Jesús Sánchez Izquierdo.

Jesús Sánchez Izquierdo y el río

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